He visto el Taj Mahal y la ciudad prohibida. He caminado el desierto de África y las playas de Costa Rica. Todas, experiencias maravillosas, pero palidecen en comparación a mi tiempo en Perú.
La gente siempre me pregunta, ¿porqué amo tanto este país? y ¿porqué siempre regreso?, Hasta ahora, no sé como explicarles.
¿Cómo explicar la ternura que sientes cuando un pequeño niño huérfano comparte contigo la mitad de un dulce? ¿Cómo explicar cuando tu corazón se quiebra, al abrazar a un bebé que fue abandonado en un basurero? ¿Cómo explicar el gozo de ver una vida destrozada, redimida por Cristo ante tus ojos? ¿Cómo explicar la dulzura que sientes al oir tu nombre en los gritos de los niños al verte llegar al hogar? ¿Cómo decirles lo que se siente abrazar a un niño huérfano, sabiendo que esa es tal vez la única expresión de amor que recibirán ese día? ¿Cómo explicar la locura y alegría que lleva un hogar repleto de niños? ¿Cómo explicar el amor que siento por los niños y mamás adolescentes en ese país?
Es simple, no puedo. Tienes que experimentarlo tú mismo. Fue por eso, que llevé a mi madre en mi último viaje, para que ella pueda realmente entender. Ahora ella sabe porque esos niños serán por siempre parte de mi corazón. Ahora, ella entiende la tristeza de la vida de un huérfano. Ahora, ella entiende el gozo de la sonrisa de un huérfano. No, las palabras no pueden explicar esta experiencia. Lo único que te puedo decir es… “VE” y nunca serás el mismo.
