Buckner Perú, esas dos palabras cambiaron mi vida para siempre. Cómo describir las experiencias vividas mientras serví por primera vez durante un mes y luego un año después por dos semanas en el hermoso país que es el Perú.
Las palabras no pueden acercarse a describir esta maravillosa experiencia. La emoción y el temor de subirme a un avión, dejando atrás a mi país, mi familia y a todo lo que me era familiar. El sobrecogimiento y asombro que pude sentir al mirar por la ventana de mi cuarto de hotel, las concurridas calles y a la distancia, el hermoso océano.
Fui a Perú con la intención de tocar las vidas de los niños peruanos, en vez de eso, mi vida fue tocada y transformada para siempre tanto por los niños, como por el maravilloso personal de Buckner Perú y todos los peruanos con los que tuvimos contacto. Estas maravillosas personas, tendrán por siempre un lugar muy especial en mi corazón. ¿Cómo olvidar una experiencia como esta?, ¿cómo olvidar los tristes, pero hermosos ojos de una jovencita, que ha visto y experimentado tanto horror en su joven vida y simplemente quiere a alguien que la abrace y le diga que es especial y amada?, ¿cómo olvidar los rostros absortos de un grupo de niños llenos de energía, mientras escuchan atentamente y en silencio una historia bíblica sobre lo especiales y amados que son por Dios… cosa que muchos de ellos no habían escuchado antes.
¿Cómo olvidar la mirada de amor y orgullo en los ojos de un niño al sostener tiernamente una Biblia nueva que recibió como regalo?, ¿Cómo olvidar los chillidos de emoción; las risas al recibir bolsas con esmaltes para uñas, accesorios para el cabello y cepillos para cada niña y luego sentarse para hacerlas sentir especiales, mientras te cuestionas cómo es que das tantas cosas por sentadas? ¿Cómo puedes olvidar el sonido, el olor, y la sensación de un bebé arrullado entre tus brazos, nacido de una jovencita que es también una bebé, pero ahora se ha convertido en madre, sin haber tenido la oportunidad de saber cómo es ser una niña?, ¿cómo olvidar las lágrimas derramas en privado, mientras clamas a Dios, preguntándole “ ¿Cómo permites que estas cosas pasen?” ¿Cómo permites que estos maravillosos, fuertes, hermosos, increíbles y especiales niños experimenten este horror, tragedia y tristeza? ¿Cómo olvidar las payasadas que pensabas jamás harías, pero que estás dispuesta a hacer para poner una sonrisa en el rostro de alguien que olvidó cómo sonreír?, ¿cómo olvidar el entusiasmo y los abrazos de una niña que aún te recuerda después de un año? ¿Cómo poder olvidar los asfixiantes abrazos de un grupo de niños y niñas, mientras tú intentas subir al bus? Cómo poder olvidar las lágrimas en el rostro de una niña mientras corre detrás del bus despidiéndose y gritando…” yo te amo” mientras el bus sale del hogar.
¿Cómo olvidar las lecciones que Dios te ha enseñado a lo largo del camino, cuando pensaste que eras tú quien iba a enseñarles a los niños sobre Dios? La respuesta es… “YO NO PUEDO OLVIDAR”.
Estos rostros, historias y recuerdos se quedarán conmigo el resto de mi vida. Fui doblemente bendecida por ir a Perú no una vez sino dos.
Fui bendecida por poder continuar construyendo relaciones con estos niños y sembrar nuevas semillas. Dios me usó en maneras que probablemente no vi y tal vez nunca veré. Dios me enseñó una y otra vez que mi camino no es el suyo, el camino fácil es raramente el camino que El quiere que yo tome y El me enseñó que así como cada uno de esos niños, yo también soy especial, que fui y seré capaz de servir para un gran propósito en esta vida. Aprendí muchas lecciones de vida en mi viaje a Perú. Planeo regresar algún día… en realidad espero hacerlo muchas veces más.
